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fotografía, lifestyle, moda, tendencias, trabajos

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El otro día mientras preparaba y seleccionaba las fotos, me di cuenta de que era una verdadera lástima no poder transmitir más profundamente todo lo que vivimos el pasado jueves entre bambalinas. Pero al cabo de unos minutos se me ocurrió una idea. Cinco mensajes de whatssap más tarde, María Jesús me contestaba que estaría encantada de acompañar esta entrada con un breve relato personal en el que nos contaría todo lo que pasó por su cabeza aquella mañana.

Espero con ello que podáis captar mejor la esencia, no solo del momento, sino también de esta sencilla y preciosa chica que inicia un camino llena de ilusión, ganas y derrochando talento.
Personalmente disfruté mucho. Siento no poder mostraros unas fotos técnicamente perfectas, pero el ritmo entre pase y pase fue trepidante y no hubo lugar para posados.
Aún así, puedo decir que me encantan: reflejan el aplomo de maria jesús, la perfección del patronaje y la costura, la profesionalidad de las modelos, el ritmo frenético que tan bien manejan el resto de profesionales (peluquería, arreglos, maquillaje, realización…) y la experiencia de piter (amigo personal de maría jesús, joven y talentosísimo diseñador también, y su mano derecha aquel día.)
A quién no veréis en las fotos (pero ya os lo cuento yo) es a su familia. Una familia que la ha apoyado y acompañado incondicionalmente en todo momento. Bisabuela, padres, hermano, abuelos, tías… Aquel día sus caras contaban más de María Jesús que todas estas fotos.

IMPRESIONES DE BACKSTAGE por María Jesús

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La verdad es que la noche y el día se habían unido durante algunas jornadas consecutivas, quedaban cabos sueltos y detalles por terminar y el cansancio no ayudaba. Creo que dormí dos o tres horas la noche anterior al desfile y di algunas cabezaditas de camino a Sevilla pero fue pisar el backstage y olvidarme del sueño y del hambre (de esta última no tanto).

Entre colgar el último vestido y repasar algunos detalles casi pasó el rato hasta que nos reunieron para explicarnos un poco las salidas a pasarela y demás. Después de eso, fui a cambiarme (me había ido cómoda y una no sale a saludar a una pasarela todos los días “¿cómo iba a salir yo en vaqueros?”) y de repente vi a las modelos ya vestidas con la colección del primer compañero en desfilar.

“¡Madre mía que esto empieza ya!” Ah no, ahora me llaman para una entrevista y creo que no sé ni hablar, pero sale, ha servido para romper un poco la tensión. Cuando vuelvo al backstage ya estaban los dos bloques preparados y esperar a que empezase fue quizá lo que se hizo más largo y aumentó los nervios. No sé ni en qué momento empezó. No entendía lo que decía el presentador, yo creo que ni escuchaba, simplemente estaba ahí, en pausa, esperando que entrasen después del cuarto diseñador y… De repente a correr, a correr en tacones (“qué buena idea”) pero si os digo la verdad, creo que en esos momentos te da un poco igual.

Sé seguro que vestí a la primera modelo, acto seguido todo es un batiburrillo: fui para ver como estaban colocando los complementos pero tuve que volver porque no podían poner una blusa, volví a ver los complementos y vuelta otra vez a solucionar algo más. ¿El lazo? Sí, puede ser que fuera el lazo del último vestido… Varias idas y venidas y ¡tachán!, modelos vestidas y listas para salir.
Últimos retoques: ver si estaban cómodas, decirles qué debían lucir más y cuando miro a la pantalla desfila la sexta por lo menos. Apenas pude saborearlo.
Era mi colección y yo solo pensaba en que ojalá se estuviesen viendo bonitos desde las gradas.
Sin darme cuenta estaba impaciente por salir, creo que más que por saludar, por quitarme de en medio ya que no fui capaz ni de avanzar hasta la primera fila de modelos. Así que salgo, oigo aplausos pero… “¿cuándo me voy?”  Tiré porque las vi avanzar, si no allí sigo todavía sin saber a donde mirar con tanta luz blanca…
Yo creí que lo peor había pasado. Ni si quiera desvestí a las modelos y de repente se me vinieron encima los momentos de espera.
El tiempo hasta despejar la incógnita fue el que más pesó.
Independientemente del resultado, el desfile había pasado y yo solo quería coger mis vestidos e irme. Menos mal que no lo hice porque, al final,  del backstage me fui con muy buen sabor de boca y pensando en que, sin duda, volveré a intentarlo…

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