fotografía, viajes

château miranda

Esta preciosidad neogótica también conocida como Château de Noisy, se encontraba (y hablo en pasado porque al final lo han demolido) en Celles, Bélgica, en plena región de las Árdenas.

El castillo fue construído por una familia adinerada que huyó de la guillotina en plena Revolución Francesa. Durante la Segunda Guerra Mundial fue tomado brevemente por los alemanes pero finalmente pasó a formar parte de la Sociedad Nacional de Ferrocarriles Belga como orfanato para hijos de ferroviarios (Uhhhh).
En 1991 se abandona definitivamente y dado que la familia propietaria no puede hacerse cargo de su rehabilitación y mantenimiento, el Ayuntamiento de Celles se ofrece a ello. Desconozco el motivo por el que no llegaron a un acuerdo.
Desde entonces curiosos, exploradores urbanos, yonkis, cineastas y grafiteros de dudoso talento, han paseado por este lugar tan maravillosamente inquietante.

Nosotros llegamos allí gracias a un cambio de planes que mi hermano hizo sobre la marcha durante un viaje familiar en semana santa. Hacía tiempo que yo le había mandado fotos de este sitio porque me llamaba mucho la atención (y por que él vive por la región),  pero tras algunos intentos por su parte, no había conseguido dar con el chatêau.
Como os decía, estábamos allí de vacaciones haciendo kilómetros y kilómetros todos los días en coche y mientras nos encontrábamos de camino a un pueblo (del que no recuerdo el nombre) para correr una carrera, decidió desviarse e intentarlo de nuevo aprovechando que la ‘loca del desconchón’ estaba esta vez por la zona y que nos sobraban unos 30 minutos hasta el comienzo de la carrera.
Y allí estábamos. Aparcados en mitad de un camino y mirando en todas direcciones para ver si descubríamos algo que sobresaliese tímidamente de las interminables copas de los árboles.
Al final, tirando de google maps satélite, decidimos empezar a andar en una dirección, pero para ello tuvimos que atravesar un pequeño bosque hasta que dimos con el camino. No sabíamos si íbamos en el sentido correcto pero nos cruzamos con dos chicos que venían precisamente de allí y nos dijeron solo nos faltaban unos 10 minutos para llegar.
Viendo la hora que era, echamos a correr.

A la carrera no llegamos, pero nos la dimos. Y mereció la pena ese pequeño cambio de planes. ¡Vaya que sí!

Lo primero que vimos al llegar al final del camino.

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maría, josué y manuel llegando al château miranda – foto móvil

Y todo esto fue lo que la emoción y mi tembloroso pulso me dejaron captar con la cámara de fotos.

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Todo en esta vida tiene un final pero qué pena que también lo haya tenido este paraje mágico que bien se merecía la inmortalidad.

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